Sus manos tenían un efecto mágico sobre cada poro.Cada movimiento suyo era una señal para que mi espinazo diera una descarga eléctrica que me recorría de arriba a abajo.Me había amado en tantas ocasiones,y tantas veces la misma noche que cuando no ocurría sentía un vacío tremendo,como cuando él todavía no había llegado a mi vida y todavía adoraba el alcohol,las drogas,la adicción.
Y no se porqué sus besos me recordaban a la aguja penetrando en mis venas para ofrecerme mas dosis de sustancia estupefaciente y dejarme sin sentido.
Nunca caí en su trampa de hacerme creer que se había enamorado.Pero en cambio,yo si me enamoré en silencio de sus penetrantes ojos caoba y su cabello dorado,totalmente dorado al sol.
Recuerdo una vez,un instante,justo antes de unirnos de nuevo,que le miré a los ojos,y le pregunté aquello que nunca quería que le preguntaran.
<<-¿Y?¿Eres feliz?>>
Me miró con mala cara,y después negó con la cabeza.Sus palabras siguientes las tengo grabadas en la mente,y no volverán a marcharse jamás.Me las sé de memoria,las recuerdo al igual que la lección en aquel colegio de monjas.
"Bueno,Nina,ya tenemos una edad.Veinte años son unos cuantos,señorita.No seas ingenua,por favor.La felicidad no existe de manera permanente.Un orgasmo es felicidad.Una sonrisa lo es también.Pero no existe nadie que sonría y tenga orgasmos durante toda su vida,esa es la verdad"
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