Marina caminó sin quererlo hasta llegar frente a la casa del chico con el que llevaba un año de clase fantaseando.También soñaba con ir a la graduación, pero mira por dónde, él prefería pasar de una fiestecita con música altísima, alcohol variado y todos sus amigos, y quedarse en su casa con ella. Marina sabía lo que ocurriría: Mientras se estuvieran besando sentados en la cama, él le quitaría la camiseta, y vería una 100 en lugar de la 120 que se esperaba, o cuando le viese, pensaría en algo como : "qué fea que está" Tocó el timbre humedeciéndose los labios, e intentando no temblar sobre los tacones altos.
Su madre creía que estaba en aquella fiesta, y en cambio estaba allí.Primera vez que incumplí las normas, primera vez que se quedaría hasta el día siguiente en "casa de Estrella", primera vez que llamaba al timbre y le daba tiempo a pensar todas aquellas cosas.
Él estaba más guapo que nunca.No había visto a nadie que abriera la puerta con tal despreocupación y después dirigiera sus intensos ojos grisáceos y anaranjados hacia ella como si fuera algo en lo que llevaba tiempo pensando.
-Pasa-murmuró, y le parecieron las palabras más bonitas que había oído en la vida.
Con el pelo totalmente planchado y temblores en las rodillas, se tumbó en la cama. Todo fue distinto.No llevaba ninguna camiseta, sino un vestido precioso y corto de color blanco, con detalles en oro. Él no tuvo ningún inconveniente con su talla, y además, no dejaba de decir cosas bonitas.
Jamás había visto unos ojos más consumidos por el fuego, ni un chico tan especial para quitarse la camiseta, desabrochar la cremallera de un vestido, o preparar una habitación donde no había ni un solo mueble para que pareciera una habitación acogedora.Tan solo veía su figura esbelta en la oscuridad, acercándose. Un beso llevó a otro, a otro, a otro, a otro, a otro más, y después ahí estaba ella, con el miedo entre las piernas.
-¿Te hago daño?
Y ella negaba.Aunque sentía algo de dolor, a la vez notaba como una sensación que no había sentido hasta ahora fluía por sus venas y no dejaba que mantuviera los ojos cerrados, las manos quietas, la boca cerrada.
Sus respiraciones iban acompasadas, tenían un ritmo, era un dúo.
Para ella, amor.Para él, placer.Para ella un nueva sensación, para él, algo con que soñaba en secreto.
Y después de explotar y de que sintiera que, después de aquello, su alma volvía a su cuerpo, le abrazó mientras le acariciaba el cabello, mordiéndose un 'te quiero' , mordiéndose la lengua hasta que llegó el alba y encontró desnudos, mirándose el uno al otro.
Su madre creía que estaba en aquella fiesta, y en cambio estaba allí.Primera vez que incumplí las normas, primera vez que se quedaría hasta el día siguiente en "casa de Estrella", primera vez que llamaba al timbre y le daba tiempo a pensar todas aquellas cosas.
Él estaba más guapo que nunca.No había visto a nadie que abriera la puerta con tal despreocupación y después dirigiera sus intensos ojos grisáceos y anaranjados hacia ella como si fuera algo en lo que llevaba tiempo pensando.
-Pasa-murmuró, y le parecieron las palabras más bonitas que había oído en la vida.
Con el pelo totalmente planchado y temblores en las rodillas, se tumbó en la cama. Todo fue distinto.No llevaba ninguna camiseta, sino un vestido precioso y corto de color blanco, con detalles en oro. Él no tuvo ningún inconveniente con su talla, y además, no dejaba de decir cosas bonitas.
Jamás había visto unos ojos más consumidos por el fuego, ni un chico tan especial para quitarse la camiseta, desabrochar la cremallera de un vestido, o preparar una habitación donde no había ni un solo mueble para que pareciera una habitación acogedora.Tan solo veía su figura esbelta en la oscuridad, acercándose. Un beso llevó a otro, a otro, a otro, a otro, a otro más, y después ahí estaba ella, con el miedo entre las piernas.
-¿Te hago daño?
Y ella negaba.Aunque sentía algo de dolor, a la vez notaba como una sensación que no había sentido hasta ahora fluía por sus venas y no dejaba que mantuviera los ojos cerrados, las manos quietas, la boca cerrada.
Sus respiraciones iban acompasadas, tenían un ritmo, era un dúo.
Para ella, amor.Para él, placer.Para ella un nueva sensación, para él, algo con que soñaba en secreto.
Y después de explotar y de que sintiera que, después de aquello, su alma volvía a su cuerpo, le abrazó mientras le acariciaba el cabello, mordiéndose un 'te quiero' , mordiéndose la lengua hasta que llegó el alba y encontró desnudos, mirándose el uno al otro.
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